Andrea Otero: convertir carreteras en calles

Demuestra con casos prácticos la transformación de pequeños núcleos rurales

Convertir carreteras en calles es la labor de acupuntura que está llevando a cabo la Deputación de Pontevedra en los proyectos que realiza a lo largo de la provincia. Esta fue la principal idea que expuso Andrea Otero, ingeniera y arquitecta del organismo provincial, que participó en el tercer seminario de la Facultad Ágora junto a Izaskun Chinchilla, Pau Avellaneda y Mateus Porto.

Se trataba de exponer casos prácticos en torno al tema de la movilidad inclusiva. Tras un breve repaso a las líneas de trabajo que mantiene activas el organismo provincial ofreció una serie de datos significativos sobre el tipo de poblamiento de esta zona: que en Galicia están el 76,7% de las entidades de población registradas en todo el estado, y que la provincia de Pontevedra tiene 211 habitantes por km2, más del doble que los 92,5 del conjunto de Galicia.

En la práctica se trata por tanto de un “continuo urbano” en el que tienen que ir creando espacios amables, seguros e inclusivos. Si en las ciudades está muy estudiado el cómo, en el medio rural tiene sus propias características diferenciales. 

En sus proyectos se plantean eliminar las barreras creadas con anterioridad, cuando el coche era el protagonista principal de todo. Una vez delimitado el espacio sobre el que actúan se plantean cómo reorganizarlo, marcando ciertas prioridades. Tras estudiar si el tráfico de coches puede desviarse o no, el reto supone cómo convivir con los coches, y en particular, estudiar la necesidad real de dotar al lugar de zonas de estacionamiento, pues se trata de un entorno de población dispersa.

Una solución común en el caso de que no exista espacio suficiente como para crear espacios peatonales segregados y protegidos, consiste en crear zonas de convivencia entre peatones y vehículos. Estas plataformas de uso conjunto son dotadas de pavimento de uso peatonal y en ellas constantemente se remarca la preferencia de la movilidad natural. Están sobreelevadas en relación con la rasante de la carretera, con velocidades máximas de 10 kilometros hora. Se eliminan los estacionamientos informales existentes y se crean otros ordenados en la periferia.

Normalmente estos proyectos se llevan a cabo en segmentos de carretera que atraviesan un cierto núcleo de centralidad parroquial en el que suelen encontrarse la iglesia, el cementerio, algún colegio y espacios sociales o campos de fiesta. Estos segmentos conforman una travesía en carreteras provinciales, que, tras la reforma, acaban convertidos en calles de fisonomía urbana.

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