Jaime Ruibal: “¿Es necesario que tenga tráfico motorizado?”

El ingeniero de la Diputación expuso tres casos distintos con un denominador común: la experiencia de las y los viandantes

Tras un exhaustivo estudio de los tráficos de un lugar en el que se va a intervenir, disciernen los tráficos necesarios de los que no lo son. Esa es la primera acción de cualquier proyecto que llevan a cabo desde la Deputación de Pontevedra, en cuyo equipo técnico trabaja Jaime Ruibal, el ingeniero que se encargó de exponer los casos prácticos en la quinta sesión de la Facultad Ágora, dedicada precisamente al tráfico de necesidad.

Facilitar la experiencia a los públicos más vulnerables —personas mayores, personas con diferente funcionalidad, infancia...— está en la base de su trabajo diario. Para ello, estudian las necesidades de los automóviles que tengan que acceder a garajes o eventualmente a portales para descargar bultos o personas, abastecimientos, etc. a efectos de aplicar recetas de diseño que permitan esas actividades, pero no la habitual invasión de coches en los espacios públicos.

La siguiente pregunta que se plantean es “¿Es necesario que tenga tráfico a motor? ¿En qué condiciones?” A veces sí, otras no. Si es imprescindible la circulación de coches, debe hacerse bien en áreas segregadas con aceras de 2,5 m de ancho y un máximo de 30 km/h, o en plataformas únicas que generan espacios de convivencia entre peatones y vehículos, cuya coexistencia en sí misma es capaz de calmar el tráfico a motor y reducir la amenaza automovilística.

Los tres casos presentados, en los municipios de Ponte Caldelas, O Grove y Tui, responden a distintas tipologías de intervención. La del primero de los municipios consistió en transformar totalmente un espacio urbano cuya superficie mayoritariamente se recuperó para la ciudadanía, generando en los alrededores una bolsa de aparcamiento disuasorio, lo que permitió mejorar radicalmente el espacio urbano central de esta pequeña villa interior.

En el caso de San Vicente do Grove adoptaron distintas soluciones por tramos, siempre generando espacios peatonales seguros, zonas de contenedores y un espacio central en torno a la iglesia parroquial que potenció su valor patrimonial al tiempo que permitió a las personas que a ella acuden disfrutar de una experiencia peatonal más agradable y segura.

El de Caldelas de Tui era una intervención de bajo coste que consistió en reducir los anchos de circulación para vehículos ganando un espacio peatonal segregado, gracias a lo cual se consiguió minorar la velocidad de los vehículos mejorando la operatividad peatonal de la vía.

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