Jeff Speck: No cometan nuestros errores

El arquitecto americano alaba las ciudades compactas europeas, de las que copiaron las más antiguas de América, “hoy las más vivibles”

No potenciar el suburbialismo americano en Europa ha sido la insistida recomendación de uno de los arquitectos y urbanistas más relevantes de los Estados Unidos, autor de libros sobre la ciudad caminable, que participó en la Facultade Ágora como profesor con una intervención en la que lamentó la deriva del urbanismo norteamericano.

“No soy yo quien tiene que decirles nada a ustedes, pues las ciudades compactas europeas son mucho más sostenibles y adecuadas que las nuestras”, dijo el arquitecto estadounidense, que se refiere a Nueva York, Boston, San Francisco, Chicago, Charleston, Portland, Seatle… a las ciudades más antiguas del país como las más vivibles desde el punto de vista de la caminabilidad: “las que tienen patrones casi medievales, del siglo XVII o XVIII”, las que fundaron los colonos europeos.

“Lamentablemente muchos países, especialmente americanos, copiaron nuestra experiencia de expandir las ciudades para vivir en el campo y construyeron ciudades absolutamente dependientes del automóvil”. Un urbanismo que procede de la época en que Londres estaba expulsando las viviendas de la ciudad debido a la incomodidad que producían las chimeneas y las fábricas. A partir de ahí se generó una atomización del espacio entre lugares de residencia, de trabajo, de ocio… “lugares separados unos de otros, que generaron muchísimas necesidades de movilidad y convirtieron nuestras ciudades en invivibles, que nos obligan a tener enormes autopistas para reconectar las calles donde se vive, se produce, se divierten o se estudia”.

Pero cuando se empezaron a construir chalés, nadie pensó en su evolución, en la saturación de coches que iba a producir este fenómeno masivo. Si en 1970 la ciudadanía norteamericana empleaba ya un 10% de su tiempo en llegar al trabajo, en 2010 era ya el doble. Y si hablamos de las clases menos favorecidas, el porcentaje del tiempo diario que destinan a desplazamientos laborales alcanza el 40%.

Ejemplificó el desastre en un dato referido al puente de Brooklin: “En 1947 usaban el puente 400.000 personas al día, porque tenía un tren y dos carriles para coches en cada sentido. En 1948 eliminaron el tren y ganaron una vía para coches. El puente pasó a ser utilizado por 170.000 personas cada día”.

Relacionó así mismo el tipo de movilidad con la salud de las personas, pues cuanto más coches, menos saludable es la población, tanto debido a la polución como al sedentarismo. Caminar y bicicleta fueron las soluciones que propuso para mejorar los niveles de salud pública. Se lamentó de que las ciudades americanas no disponen de oferta de apartamentos para atender a la creciente demanda, y que muchas personas tienen que irse a vivir a lugares muy apartados de las ciudades precisamente porque éstas no se han preocupado de disponer de edificios plurifamiliares.

Speck detecta un evidente cambio generacional en este sentido. “Por una parte están los millenials, que no tienen hijos, y por otra, los boommers, que ya los han tenido y ahora prefieren la vida urbana ante la incomodidad de moverse desde la periferia residencial. Además, los primeros no tienen coche y los segundos van perdiendo la capacidad de conducir, por lo que requieren vivir en espacios urbanos donde todo está más a mano caminando.

Una posible salida para esta situación es fomentar los desplazamientos en bici, con la realización de carriles metropolitanos que puedan ser utilizados por algunas de estas personas, si bien “con tantos coches en las carreteras, nunca será una experiencia estupenda”. La solución la ve en la posibilidad de ir desarrollando los centros de las ciudades, aportándoles la densidad adecuada para vivir sin esa excesiva dependencia del automóvil. También habló de la decadencia que se observa en los centros comerciales a partir de la generalización del comercio electrónico “ya sólo quedan los hipermercados, para las personas con menos recursos”.

“En comparación con un centro comercial, el centro de la ciudad siempre ofrece mayor encanto para comprar, más autenticidad, por lo que la gente acaba regresando al medio urbano, por pura autenticidad”.

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