Jesús Fole: Animales más protegidos que las personas

El arquitecto de la Deputación describe el plan de choque provincial contra la siniestralidad vial y por la mejora de los entornos habitados

La forma de diseñar el espacio público tiene una drástica influencia sobre la vida de las personas, sobre su felicidad, y estamos conviviendo con datos bastante escandalosos, como la media europea de 30 minutos que pasan los niños en la calle mientras los presos tienen derecho a dos horas de patio. Son alguno de los datos que manejó Jesús Fole, arquitecto al servicio de la Deputación de Pontevedra, durante su intervención en la Facultade Ágora.

Fole empezó desarrollando la cronología de la cochificación urbana, tomando como referencia los Estados Unidos, un espejo de lo que se extendería por el mundo. A medida que el vehículo se iba haciendo un hueco cada vez mayor en la vida de las ciudades, estas se fueron zonificando, dando así lugar a áreas especializadas en residencia, trabajo o paseo. Un proceso que en lo que se refiere al conjunto de la ciudad, va confinando a los peatones en los márgenes, llamados aceras, de los que no pueden escapar.

“Un sinsentido urbano que marcará el pulso de la humanidad y que en la actualidad provoca 1,3 millones de muertos al día, 54 millones de personas heridas, y otros 8,8 millones de muertes prematuras provocadas por la contaminación y el estrés”. Ante ello, la acción local es muy necesaria. Lo entendieron así en la provincia de Pontevedra, cuya Deputación puso en marcha un plan de choque para limitar la velocidad en un contexto urbano muy diseminado y donde los seguros de los coches, debido a las condiciones de seguridad, son los más caros del estado.

Las soluciones consistieron en incidir sobre la velocidad, limitándola a 30, y promoviendo sistemas de calmado del tráfico, sobre todo a través de elementos reductores de la velocidad, elevando los pasos peatonales a la cota de referencia para las personas, y además mejorando la iluminación, un elemento imprescindible para mejorar la seguridad.

Trazó un paralelismo entre la protección de ciertos animales en áreas naturales, y la escasa protección de las personas en sus propios entornos: “deberíamos tener una lista roja de elementos urbanos para que estos persigan unos estándares mínimos de calidad para proteger a las personas que viven en cada pueblo, villa o ciudad”. Citó la paradoja de correr en un gimnasio, comprar en centros comerciales con calles artificiales y concentradas en el consumo, los parques de bolas de plástico para que los niños jueguen “como si fuesen hamsters en espacios cerrados y absolutamente controlados”. 

También recordó que existen personas mayores que no salen de su casa en años debido a la hostilidad del entorno, los cada vez más numerosos casos de obesidad infantil o los estudios de fabricantes de detergentes que concluyen que los niños ya no manchan la ropa como antes debido a que su ocio es artificial e hiperprotegido.

A la hora de rediseñar el espacio habitado tratan de obtener todos los datos necesarios para convertir a las personas que caminan en protagonistas de la transformación: saber cuánto espacio necesitan para caminar, cuanto ocupan… con ello llegaron aun estándar de 2,5 metros mínimo de ancho para aceras, de tal forma que puedan cruzarse dos paraguas abiertos con cierta comodidad. También promueven centrar la iluminación pública más en los espacios peatonales que en los rodados y equilibrar la cantidad de espacio ocupado por las personas y los coches.

Urbanizar espacios de alta calidad consiste en promover los espacios de juego, de encuentro entre las personas, eliminar los tráficos de paso y agitación facilitando los movimientos en coche realmente necesarios para el funcionamiento de la ciudad, el llamado tráfico de destino.

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