Josep Selga y la naturaleza de proximidad

El biólogo catalán ofreció en Ágora una visión de los árboles como compañeros imprescindibles de la vida humana

El futuro de la especie no nos lo jugamos en la naturaleza protegida, en los grandes parques que reservan y mantienen las instituciones públicas. El futuro nos lo jugamos en nuestras calles y plazas, en la naturaleza cercana y cotidiana. Es la opinión de Josep Selga, que dirigió el sistema de parques y jardines de Barcelona y participó en la séptima sesión de la Facultade Ágora, dedicada al ambiente sano y biodiverso.

“Invertir en proteger la naturaleza es muy necesario, pero insuficiente. Es imprescindible, sobre todo, darle la mayor prioridad al medio urbano, cambiar el referente del urbanismo y quitar el coche para poner el árbol”. 

“Así no tendremos ciudades verdes, sino ciudades habitables; ciudades que permiten realizar una vida en plenitud”, dijo Selga, que consideró la naturaleza como la infraestructura básica del urbanismo. Animó a fijarse más en planificar la estancia, no sólo la movilidad: “Es necesario pensar en la estancia de las personas en la ciudad, no sólo en cómo transitar. Realizar pueblos y ciudades para todos facilita el encuentro, la cultura y la vida, y en ello el uso del espacio público es de una importancia enorme”.

A juicio de Selga, las ciudades se definen sobre todo no por su arquitectura, sino por su espacio público, por sus espacios verdes, en los que se desarrolla la interacción y la diversidad de los grupos humanos. “Los árboles hacen territorios habitables, humanos, reconocibles y legibles. Son una fuente de identidad hacia el contorno en que vivimos, además de que los espacios vivos, biodiversos y sostenibles, contribuyen mucho más a la resiliencia urbana”.

Selga planteó desde el principio la necesidad que nuestra especie tuvo siempre de los árboles como una constante a lo largo de su dilatadísima historia. Habló del paisaje en el que vivieron las primeras personas, que se desarrollaron entre árboles y sabanas, donde encontraban refugio y alimento, realizando búsquedas por el entorno para proveerse de proteína animal. 

Un período absolutamente mayoritario en los varios millones de años de vida humana sobre la tierra, que corresponde a la etapa de la caza y recolección, cuando las personas vivían al pie de grandes árboles, hasta que se fueron creando las sociedades dependientes de la agricultura, hace sólo unos pocos miles de años.

Los árboles, por tanto, han sido compañeros de especie, en símbolos de durabilidad. Todas las culturas tienen árboles como referentes simbólicos, son arquetipos universales en contraposición a lo efímero de la vida humana.

Previamente a la aparición de la especie humana en la tierra, los árboles contribuyeron a hacer más gruesa la biosfera, con árboles cada vez más altos y longevos, facilitando el proceso evolutivo; un proceso del que todas y todos somos resultado.

Un mundo que a partir del Renacimiento, con las filosofías antropocéntricas, fue desplazando a la naturaleza dando lugar a un mundo desnaturalizado, lo cual está en el origen de una crisis de valores que conviene plantearnos para reubicar a la naturaleza en el centro de las principales decisiones que convienen al planeta.

Selga animó también a fijarse, antes del tipo de especie elegida para ocupar un lugar en el espacio público, en el propio espacio público y su posibilidad de mejorar su condición de “espacio plantable”, porque una calle arbolada no es una simple calle con árboles. Recomendó que los planos de urbanistas y arquitectos superen el 2D para planificar en un volumen, tanto las superficies como los subsuelos, tanto o más importantes que el espacio al aire: “Lo importante no es plantar muchos árboles, sino contar con una buena cobertura vegetal”, que técnicamente se denomina “conopia”.

En relación a los pequeños núcleos urbanos, de los que se suele decir “que no necesitan infraestructura verde” por su relación más íntima con el entorno natural que les rodea, se mostró en desacuerdo: “Lo importante es que exista una continuidad entre el interior y el exterior del núcleo urbano, por lo que por muy pequeño que sea éste, debe ser dotado de una adecuada infraestructura verde”.

Otros artículos sobre actualidad