Juan Gil: Las enormes diferencias entre el juego, el juguete y el videojuego

El pediatra participó en la Facultade Ágora con su visión sobre la gran importancia del juego activo y en el espacio exterior para el desarrollo infantil

Tenemos que reconocer la importancia del juego y satisfacerlo. Esa es la aportación del pediatra Juan Gil, presidente de la Asociación Española de Pediatría Social, en el octavo seminario de la Facultade Ágora. “El juego es un impulso, una forma primaria de interactuar con los demás”.

“En principio, el juego es individual, un momento imprescindible para el desarrollo cerebral, la coordinación motora y la relación con los demás. Después es compartido, y eso ya necesita espacio y compañía”, comenta Gil. “Ese juego, hoy, se desarrolla en las escuelas infantiles, donde es muy importante estimular el juego activo”. 

Pero también es importante prevenir el juego en pantallas, ya que reduce al niño o niña a ser un simple espectador, pasivo y sin interacción. Las pantallas no deben utilizarse antes de los 3 años, y más adelante debe hacerse de forma tutorizada, ya que el juego tecnológico trae consecuencias contrarias a los beneficios que otorga el juego activo: sedentarismo, individualismo y aislamiento.

Otra dimensión perjudicial es la confusión que existe entre juego y juguete, ya que este último suele derivar en un objeto de consumo, y en muchas ocasiones hace un papel disuasor del juego propiamente dicho. “El juego activo es fundamentalmente exterior. Con él se aprenden dimensiones importantísimas en la vida como la diversidad, la relación, las reglas, el trabajo en equipo, el buscar objetivos comunes, ganar o perder… y al desarrollarse en un plano de igualdad, se estimula la confianza”.

El niño además crea espacios de vida autónomos que refuerzan su espíritu de pertenencia a la comunidad: “El grupo establece su control sobre la persona, pero el individuo mantiene su papel, su función”.

Entre las recomendaciones expuestas por el pediatra se subraya sobre todo la limitación del tiempo de pantalla y el fomento absoluto del juego en exteriores, y a ser posible en espacios de juego no vigilados, ya que estos “son la antítesis de lo que debe ser el juego, que tiene que ejercerse en libertad absoluta”.

“El juego tiene un papel reparador, como el sueño, pero no todo ha de ser juego, pues a veces existe una sobreestimulación del niño”. Se refiere Juan Gil a la tantas veces sobrecargada agenda infantil, llena de extraescolares y de pantallas, contagiada con la necesidad de llenar la totalidad de las horas del día con actividades. “El niño también debe percibir la sensación de no hacer nada, de estar solo y aburrido, eso también es muy beneficioso para su desarrollo”.

También relacionó el aumento de los problemas de salud mental infantil en un 18% con la excesiva presencia de los videojuegos en la agenda infantil, pues quiso dejar rotundamente claro que “un videojuego no es un juego”. Frente a esos problemas, la receta está clara: tiempo para los niños y niñas y calidad en el acompañamiento de sus padres y madres.

En cuanto a la infancia en la ciudad propuso una serie de avances como las comisiones transversales de infancia en relación a que el urbanismo que se practica en los municipios sea positivo para fomentar realmente el juego en espacios públicos compartidos, no en guetos para niños, y con actividades no programadas. Además, se posicionó en favor de un espacio público capaz de ser escenario de vitalidad y actividad física, y no sólo de movilidad, tal como mayoritariamente ocurre en la actualidad.

Otro ámbito de mejora interesante es la formación de familias y educadores en el uso de la tecnología tanto en hogares como en centros culturales y educativos, el acceso a la lectura y la necesidad de imponer menos deberes en los colegios y fomentar el ocio lúdico.

Outros artigos de última hora