María Ángeles Durán: Preguntas sobre la ciudad invisible

Un completo viaje por los aspectos invisibles de la ciudad y sus repercusiones sociales, especialmente las que tienen relación con el género, fue la línea argumental de la deliciosa y erudita participación de la socióloga María Ángeles Durán en la Facultade Ágora, dentro del seminario número 11, dedicado al hábitat sociable. La investigadora del CSIC se planteó tocar en su intervención “los aspectos no materiales del diseño urbano”.

Abrió fuego con un planteamiento existencial y profundo: “Quién somos, qué somos, qué es lo que quiere ser la ciudad y lo que no quiere ser”, preguntas retóricas que materializó en respuestas tangibles como “hemos de saber si la ciudad pierde población o no; si pierde, por qué lo hace, y si gana, por qué gana, porque nacen más personas de las que mueren, o porque llega gente nueva. Y si eso ocurre, cuáles son los motivos por los que la gente se viene aquí…”. 

Planteó que la ciudad tiene en sus manos ciertos instrumentos para ganar o perder población, entre ellos si los espacios para los niños son los adecuados, si existen realmente espacios óptimos para los que están o para los que van a nacer. “Sea explícito o no sea explícito, las ciudades suelen saber qué público quieren y cuál no quieren, por ejemplo: queremos que vengan personas enfermas o sanas, personas productivas o personas que consumen más servicios sociales…”

En definitiva —resumió— “¿qué aire queremos respirar en la ciudad, el aire de la libertad?”, pregunta sobre la que destacó que algunas personas pueden llegar a la ciudad a molestar, a perturbar la convivencia, ante los cuales algunas ciudades ponen fronteras, aunque no se noten. Puso como ejemplo los barcos que llegan: “¿Es lo mismo un crucero lleno de turistas que una patera?”, para recordar a continuación que vivimos en una época en la cual el 16% de la población mundial quiere irse de su país.

Tras ese marco referencial sobre la relación de las ciudades con las personas, continuóúblivo haciéndose preguntas, pero en este caso centrándose en el asunto de género: “¿La ciudad quiere que vengan más hombres o más mujeres?… normalmente quiere atraer a hombres, porque su papel está relacionado con la economía y la productividad, mientras que las mujeres suelen ser más consumidoras de servicios públicos relacionados con el bienestar”. Además suelen venir acompañadas de las personas a las que cuidan, sean mayores, dependientes o niños.

Durán puso sobre la mesa el primero de sus elogios a la madurez: “¿Cómo se relaciona la ciudad con sus personas mayores? Aunque las canas son síntomas de éxito vital, ya que se trata de una conquista de nuestra batalla contra el tiempo y señal de que todavía estamos vivos, se planteó que las ciudades deben cuidar de su equilibrio entre las personas mayores y las que no lo son, y planteó si realmente las ciudades están preparadas para acoger un tercio de su población mayor de 65 años.

“Hay que ver qué porcentaje de esta población es mujer, que suelen vivir más y tener pensiones menores, y su relación con la posibilidad de acceder a servicios vitales privados, cosa que les resultará difícil a la mayoría, por lo que cobra especial relevancia el servicio público, y en particular el espacio público, que puede tener un papel fundamental en el bienestar de las personas con menos recursos”.

La relación entre la calidad del espacio público y las políticas con enfoque feminista han de fijarse sobre todo en la importancia de la iluminación pública, la movilidad de las embarazadas, el miedo a la violencia de género, todo lo que tiene que ver con la logística doméstica, la “distribución hormiga” o las “mujeres racimo”, las que van acompañadas de su prole, en comparación con los hombres que normalmente van solos.

Repasó también otros aspectos del feminismo urbano, más simbólicos, como los nombres de las calles. En un estudio que habían realizado en Madrid se obtuvo el dato de que tan solo un 5% de su nomenclátor era femenino. La profesora madrileña quiso acabar su participación en Ágora con un mensaje optimista en relación a la ciudad y las personas que la habitan: “Lo más importante es la capacidad de soñar, de imaginar lo que no existe y ayudar a cambiar las cosas para lograr ciudades marcadas por los conceptos de justicia, libertada, progreso, creatividad y compromiso”.

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