Ole Thorson: “Que el coche pida permiso en la ciudad, no el peatón”

El ingeniero activista que incluye el tráfico peatonal en sus proyectos y reclama que así se haga siempre, ya que peatones somos todas las personas

La perspectiva peatonal hasta sus más nimios detalles es el principal ingrediente del trabajo diario del ingeniero de caminos formado en Copenhague y Barcelona. Hace 45 años ya postulaba estos principios en un ambiente profundamente marcado por el desarrollo del automóvil y con las ciudades entregadas materialmente a su dominio, al que ofrecían lo mejor de su espacio público.

Tanto tiempo después, Ole Thorson, danés de residencia catalana, habla con la precisión del ingeniero y con la pasión del activista, pues sabe que los aspectos técnicos no son ajenos a la perspectiva política que proyecta la realidad. Sobre esa base pronunció su conferencia en el Seminario 4 de la Facultade Ágora, inaugurando la segunda área temática del curso: La buena movilidad.

La sesión estaba encabezada por el sugerente título “Las personas primero” y él abrió fuego de forma rotunda: “¿Os habéis preguntado alguna vez por qué los estudios de tráfico inherentes a una obra pública sólo cuentan vehículos? Nunca cuentan peatones, pero eso sí: los coches tienen sus tubos de escape directamente enfocados hacia las personas, especialmente hacia los más pequeños, que los sufren más debido a su altura”.

“Todo proceso de cambio del espacio urbano debe comenzar en los peatones, que somos todos, porque unos únicamente caminan hasta su destino, pero otros al menos caminan hasta el transporte público o hasta su coche… todas y todos caminan”, dijo Thorson antes de aclarar que los movimientos más importantes que ocurren en una calle son los de los peatones “que encima no tienen por qué ir linealmente, sino que se cruzan o improvisan, aunque en ello nunca se piensa”. Las ciudades llevan años dedicando más espacio y tiempo a los conductores y menos a los peatones. “Hoy estamos recuperando ese espacio; es un cambio lento pero ya era hora de que empezásemos a ver resultados”.

Según este ingeniero “el coche debería ser el que pide permiso para estar, porque el espacio es de las personas”, por lo que abordar una obra pública sobre el espacio urbano deberían incluir siempre no sólo el número de coches que utilizan las vías, sino también el número de peatones, de ciclistas, de autobuses… sin esos datos nunca será posible hacer ningún estudio de movilidad”.

Recomendó también que las intervenciones urbanas estén planificadas para todas las personas, para la gran diversidad de usuarios que harán uso de ellas, habida cuenta de que los intereses de una persona mayor o de un niño, o de una persona que lleve un carrito de la compra o un bebé, o que tenga que desplazarse en silla de ruedas no son los mismos y la ciudad debe ser cómoda y amable para todas esas categorías. Además, las calles no sólo se utilizarán para desplazarse, sino también para estar, mirar, jugar o lo que deseen hacer las personas que las habitan.

“Estamos en un momento en que todo lo que no queremos en la calzada va a parar a la acera, pero estos también necesitan al menos dos carriles direccionales y un tercero para mirar escaparates o charlar, si bien ese tipo de razonamientos únicamente se refieren a los coches”. Citó a las Supermanzanas, el intento de retirar tráfico a motor de las calles como iniciativas ya propuestas en los años 70, pero con poco éxito, celebrando que ahora vaya hablándose más de ellas e incluso algunas ciudades ya las experimenten.

Citó también las travesías como espacios que las autoridades deberían atender con más atención, ya que sólo se piensa en los recorridos de largo alcance, pero no en las personas que habitan las pequeñas localidades atravesadas por carreteras. En este sentido pidió un cambio radical en la perspectiva de la planificación de esos espacios de conflicto.

Cambio que también propuso para los objetivos llamados “de visión cero”, referido a las personas fallecidas, “pero también hay que pensar en los heridos, en los lesionados, que son igualmente importantes, porque un siniestro vial puede llegar a cambiar la vida de una persona de forma repentina”. En este sentido, saludó la reciente iniciativa de la DGT de cambiar a 30 el límite máximo de velocidad en las calles de un carril, “pero no podemos ir haciendo un cambio cada 20 años, es desesperante, debemos ser más ágiles”, animando a regular de forma más estricta los parámetros de calidad del aire y de ruido en las calles urbanas.

Y se despidió con una poética paradoja: “protegemos a los animales más que a los niños, deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo mal los humanos”.

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