Rubén Lois y la necesidad de reordenar el caos

El catedrático de geografía echa de menos una visión más metropolitana del país, que toma decisiones urbanísticas sólo a nivel municipal y autonómico

La concepción del urbanismo como un negocio profundamente imbricado en la lógica capitalista sirvió al geógrafo compostelano Rubén Lois para diagnosticar la evolución territorial de Galicia: “en los últimos años creció la dispersión y se generalizó el caos; hoy el reto consiste en poner orden en toda esa dispersión”.

El catedrático Lois fue director general de Turismo de la Xunta, además de un activo conferenciante y profesor en universidades a lo largo del mundo. Coordina el Grupo de Análisis Territorial de la universidad compostelana y dirige la fundación Centro de Estudios Euro Regionales.

Con la evolución de las posibilidades de conexión entre personas y lugares, los flujos de tráficos pasaron de ser más ordenados a discurrir en múltiples direcciones a lo largo de todo el territorio, con lo que la realidad se volvió mucho más compleja: “La antropización y la urbanización ganaron espacio artificializando buena parte de la superficie del país”. 

Galicia se encuentra en el extremo norte de uno de los grandes ejes de relaciones urbanas de la península, que comprendería desde Setúbal hasta Ferrol, casi paralela al Corredor Mediterráneo del que tanto se habla y que el Levante está reivindicando con fuerza como escenario de una gran conexión ferroviaria de alta velocidad al margen de la “estrella” con epicentro en Madrid. Otro pujante eje sería el que forma el río Ebro, entre Euskadi y Cataluña.

El profesor compostelano se preguntó si debemos convertirnos en un territorio que compite por ser una ciudad global, uno de esos lugares “triunfantes” que compiten entre sí para posicionarse y crecer, o por el contrario debemos potenciar nuestros mejores valores, en especial el de la calidad de vida y la fortaleza y diversidad de nuesto paisaje.

En Galicia han crecido las ciudades y sobre todo las áreas metropolitanas desde los años 90, creando un territorio en el que las zonas más urbanizadas absorben el 80% de la población, dejando el 20 restante en hábitats más aislados, normalmente en el interior.

Echó mano de clásicos como Ramón Otero Pedrayo, que habló de Galicia como una gran ciudad jardín capaz de reconvertir los poblamientos tradicionales en espacios contemporáneos de alta calidad de vida. “La cuestión es cómo aplicar el modelo Pontevedra en el territorio disperso; defender que Galicia puede ser una gran ciudad jardín, pero dotarla de un cierto orden, que permita aplicar la filosofía de la Ciudad de los 15 minutos”, dijo conectando con el motivo principal de la sesión.

También habló del interesante trabajo del arquitecto Antonio Palacios, que imaginó un Vigo central compacto en un entorno bien organizado, con espacios públicos muy bien definidos y planificados en cuanto a su arquitectura y configuración urbana, aunque no fue entendido por los poderes locales de la época.

Hoy, los grandes conglomerados urbanos son un conjunto muy complejo de espacios residenciales, empresariales y portuarios ante los cuales debemos plantearnos cómo gestionar ese desorden, “sin olvidar que las ciudades son grandes artefactos del capitalismo, que es un fenómeno económico fundamentalmente urbano”.

Entre los grandes retos a resolver citó las relaciones económicas de proximidad o la movilidad con cero huella carbónica en el marco de una nueva relación entre residencialidad y trabajo: “tenemos que pensar profundamente en cómo trasladar a los trabajadores a sus puestos de trabajo”, cuestiones que le sirvieron para hablar de uno de los grandes temas de la sesión: la inexistente gobernanza metropolitana, quizá el mayor problema que encuentran los planificadores urbanos a día de hoy.

“La mayor parte de estos desajustes requieren soluciones a escala supralocal”, dijo el profesor citando grandes temas como la movilidad o la ocupación del suelo, sin olvidarnos de la dedicación de los espacios no edificados, como los que habrían de dedicarse a la agricultura o a las actividades forestales. La falta de una visión metropolitana fue definida como una de las grandes carencias del modelo urbano gallego.

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