Silvia Casorrán: bici cotidiana para distancias de hasta 10 km

La activista barcelonesa apuesta por reducir la presencia del automóvil en la ciudad con más densidad de coches de Europa

“A la espera de un nuevo modelo urbano que nos permita circular mejor por las ciudades, debemos acostumbrarnos a desterrar mitos, para adaptarnos a las nuevas condiciones”. Así saludaba Silvia Casorrán al auditorio de la Facultade Ágora, de la Deputación de Pontevedra, en la sexta sesión de sus seminarios, dedicado a las movilidades alternativas.

Quien fuera directora de la oficina de la bicicleta en la ciudad condal y actualmente ocupa el cargo de adjunta a la gerencia del arquitecto jefe barcelonés es una conocida activista que promueve las medidas necesarias para cambiar los conceptos de la movilidad. 

Una de las ideas más importantes de su charla fue el dato aportado para referirse a las distancias que son abordables en bicicleta para la movilidad cotidiana, que estableció en 10 km, una dimensión que permitiría utilizar este medio de locomoción en grandes ciudades y áreas metropolitanas.

Contaminación, espacio público, cambio climático, siniestralidad vial forman parte de sus preocupaciones a la hora de hacer frente a los coches en la ciudad con más densidad automovilística de Europa, con unos 6.000 vehículos por km2. Sólo en su parte central, el Eixample, circulan 350.000 vehículos, a los que hay que sumar los 170.000 de cada una de las rondas de Dalt y Litoral, y los 60.000 de la Ronda del Mig.

Una ciudad que se plantea promover la movilidad activa a través de los sistemas de circulación ciclista de ámbito metropolitano, aumentar la seguridad y confortabilidad de la experiencia ciclista, promover los corredores verdes y responder a las pendientes con más ciclismo eléctrico para hacer posible la generalización de este modo. Eliminar vehículos de paso en numerosas calles gracias al sistema de Superillas, que a varios años vista intentará reconvertir la ciudad en un espacio más amable para la movilidad natural.

Así mismo están interviniendo en el entorno de 101 centros educativos con más de 14.000 m2 ganados al asfalto para juegos, áreas estanciales, aparcabicis, etc, una medida que se suma a la acción que llevaron a cabo durante los confinamientos, con medidas tácticas, en las que se priorizaron 17 calles para peatones y se eliminaron 14 carriles de circulación rodada para vehículos motorizados, así como 4 carriles bus y 7 carriles bici nuevos.

Casorrán realizó un repaso por cuestiones que determinan las resistencias con las que se encuentran los cambios, que en general a muchas personas no les agradan, si bien considera que quien hace ruido es porque está en desacuerdo, al contrario de las personas que otorgan la razón con su silencio. Animó a dar un plazo prudencial para valorar los cambios, de al menos 6 meses, para que las personas puedan adaptarse, así como consideró interesante combinar las actuaciones tácticas con las estructurantes. Alertó sobre los indeseables procesos de gentrificación y sobre cómo evidenciar que siempre se valoran negativamente los “espacios vacíos” que se logran con calles peatonales o vías ciclistas, pero nunca se valoran negativamente el espacio vacío reservado a los coches, siempre mucho más grande.

Sobre los espacios de movilidad compartida consideró que falta bastante educación vial para que funcionen correctamente, y que el “derecho básico” del coche a utilizar la ciudad es un mantra cuyo destierro supondrá un proceso traumático.

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